El ingreso a la Casa de la Cultura -calle Mitre Nº149- fue ambientado con las habilidades más coloridas: trabajos de los alumnos y las alumnas en los seminarios municipales gratuitos dictados anualmente.
Dora Aguilar -radicada en La Colorada- expresó: “Siempre me encantó pintar”. Narró su experiencia en los cursos donde encontró “amigas desde el primer día, constituimos una familia”. “Vivimos acelerados. En esta disciplina, descargué todo; del aula salí reanimada”, manifestó.
Estela Maris Almirón, oriunda de La Carolina, tomó clases de corte y confección. “Empecé el año pasado. Por temas de salud, retomé en 2026 en un ámbito con compañeras excelentes”, detalló. “Con los saberes que adquirí, presenté en la muestra una pollera plato, un buzo junto con un pantalón”, especificó.
Entre las presentes, Antonia Barrios, de Don Orione, rememoró: “Me inscribió mi hija, que sabía de mi interés por el bordado. Con la jubilación, tuve tiempo para mí”. “Descubrí esa capacidad en Primaria y me trajo lindos recuerdos”, evocó.
En el caso de Isabel Morales, de KM26,700, llegó “por indicación del médico a hacer algo que me despejara. Pensaba que no era mi lugar, pero luego no solté más el hilo y las agujas”. “Incluso, tejí en el colectivo o al esperar algún trámite”, confesó.
Cristina López, docente de corte y confección, bordado a mano y pintura sobre tela, indicó: “Muchas personas vinieron por distintos problemas o situaciones puntuales. Estos espacios colaboraron a mantenerlos entretenidos o mejorar su presente”.
Elsa Vergara, encargada de tejido a crochet, recordó: “Mi mamá me enseñó la técnica y a ella, mi abuela”. “Esta devoción que sentí la socialicé gustosamente, trabajé con una destreza apasionante”, apreció.